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El mundo es diverso. Negar una verdad tan evidente es negarse a uno mismo y a la realidad que lo rodea. ¿Se puede luchar contra la comprensión y la convivencia? Sí. 

El género humano se ha creído por momentos superior a sus semejantes y en esa creencia ha basado siempre su deseo de imponerse a los otros. Si uno nace en un lugar hostil pero conoce que existen otros lugares donde la supervivencia puede ser más llevadera, es hipócrita no pensar que muchos, casi todos optaríamos por emprender un viaje a ese lugar al que consideramos el paraíso porque lo comparamos con la situación del presente que queremos cambiar. 

¿Fácil comprensión? No. Parece que no. La empatía la hemos dejado olvidada en algún cajón perdido que ya no queremos abrir. Nos sentimos amenazados ahora que han llegado tiempos difíciles y no tanto cuando los recién llegados hacían trabajos que no eran de nuestro agrado y preferíamos callar o hablar sin saber, pero sobre todo, sin ponernos ni por un segundo en la piel del otro. Así somos, así nos hemos convertido. Algunos.

El germen de lo expuesto sigue estando vigente en la sociedad, ese germen que ha dividido España, que ha ocasionado guerras mundiales, que ha enfrentado al hombre contra el hombre por sus diferencias sin pararse a pensar en cuán semejantes somos. En el primer congreso de las “Joventuts identitàries” de PxC en Sant Boi se pudo palpar esta división.

El acto de esta formación tuvo lugar en el auditorio de Cal Ninyo, mientras a las puertas de este centro miembros de Unidad contra el Fascismo y de CUP se manifestaban en contra de este congreso. Al adentrarse en la Ramblas se ha producido el enfrentamiento. No vamos a entrar en el discurso fascista de este partido, son lo que son y la gente conoce de dónde vienen y hacia dónde quieren ir, ni en si unos han gritado más que otros y ese ha sido el origen de la trifulca. No. Si la argumentación que caracteriza a los que tienen opiniones enfrentadas ha dejado paso a otros medios de expresión nada lícitos es porque en algo  se ha fallado. 

Sin embargo, de todos es sabido la falta de respeto de este grupo hacia la diversidad, hacia otras voces que no piensan como ellos es más que desafiante, es agresiva, cosa que se aleja de todo lo que debería ser un grupo que representa al pueblo. Hubo enfrentamientos en nuestra ciudad. El propio Anglada empezó a caldear los ánimos desde el Twitter. Si la provocación es la mejor arma que tienen, no hay nada más que decir. Ellos mismos se delatan, con sus palabras y con sus hechos.

http://www.lasextanoticias.com/videos/ver/anglada_la_lia/494693



Se han ido de forma muy diferente a la que aparecieron: en silencio. Los indignados pasaron de ser un grito a un rumor en el ambiente que ha dejado de sonar. 

Su punto de contacto era ese sentimiento de hastío hacia la situación de crisis actual y sus causantes: todos aquellos que con su mala gestión habían provocado el presente, los que se habían aprovechado del sistema para sacar rendimiento, un rendimiento del que se beneficiaban aunque eso supusiera oprimir a otros económicamente. 

No se podía decir, así, que la causa de este movimiento no fuera noble: conseguir un mundo mejor del existente mediante un cambio profundo de las bases que rigen la organización social. Alguna vez, les pudo el sentimiento visceral de la impaciencia  pero por lo general tuvieron iniciativa de crear una serie de actividades alrededor suyo.

El 4 de octubre las brigadas municipales y activos de Coressa han desmontado la que había sido su sede: una carpa en la plaza del ayuntamiento. Han aprovechado el vacío de los indignados para llevarlo a cabo y colocar en su lugar un Bicibox. 

El tiempo ha jugado en contra de este colectivo. Era de esperar que la no materialización de sus ideas corriera paralela a la disminución de la expectación que despertaron en su día. Después de cinco meses con nosotros esa carpa era ya parte del paisaje ciudadano y todos recordábamos al pasar por ella e ir, por ejemplo, a la estación lo que significaba, pero también lo que podía haber significado si hubiera derivado en algo más con las ideas de todos, consiguiendo algo más que protestar, siendo protagonistas de un cambio. Se entiende que nos referimos a un cambio pacífico, siguiendo los postulados Stéphane Hessel cuyo libro dio nombre y fuerza al movimiento. 

Despertar la conciencia social para emprender acciones que nos conduzcan hacia la mejora es de elogiar. Si la indignación es un principio que ha dejado un germen en nuestra conciencia, hagamos que esa conciencia siga latiendo y soñando con tiempos más prósperos y pensando en cómo llevarlos a cabo. No permitamos que caiga en el olvido. 


 TAMARA GONZÁLEZ C.






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